Crear un aura en un cuadro. Ese
era uno de los retos para mis navidades. Me lo tomé con muchas ganas y, al
final, acabé involucrando en el proyecto a muchas más personas de las que
habría podido esperar.
Llegué al trabajo y me puse a
pensar, ¿cómo podría ayudar la realidad aumentada a los niños con los que
trabajo?
Cuando pensamos, vamos conectando
la información que nos llega para darte a toda un significado. Por ejemplo,
cuando leemos un cuento nos quedamos con lo esencial de la historia, no con los
detalles. A este proceso lo llamamos “coherencia central”.
Sin embargo, Frith (1989) sugirió
que esta forma universal de procesar la información que tenemos los humanos,
está alterada en las personas con autismo. Por este motivo son relativamente
buenas en aquellas tareas en las que se prima la atención en una información
detallada, pero no realizan bien las tareas que requieren el reconocimiento de
un sentido global.
Un ejemplo interesante lo
encontramos en el procesamiento de caras. Las personas con autismo tienen una
gran facilidad para procesar rasgos característicos de una determinada persona,
pero necesitan mucha ayuda para reconocer una expresión emocional en la cara,
ya que es necesario procesar en conjunto todos esos rasgos.
El experimento de Shah y Frith
(1983) también nos dejó otro ejemplo sorprendente. Al presentar a niños con
autismo figuras enmascaradas dentro de un dibujo mayor (por ejemplo, un pequeño
triángulo dentro del dibujo elaborado de un reloj), comprobaron que eran casi
mejores descubriéndolas que los propios experimentadores.
Debido a una coherencia central
débil, las personas con autismo pueden acceder de un modo privilegiado a las
partes y los detalles que, normalmente, permanecen enmascarados para nosotros
en figuras globales.
Pese a todo, Weeks & Hobson
(1987) demostraron que era posible entrenar a personas con autismo para que,
por ejemplo, clasificaran caras en función de la expresión facial. Por tanto,
parece probable que la coherencia central sí exista en el autismo, pero de un
modo débil, de tal forma que a nivel no consciente “se prefiere” un
procesamiento de los detalles en lugar de un procesamiento global.
Y ahí encontré el objetivo de mi
trabajo: lograr que no vieran las partes concretas de un cuadro, sino su
sentido global.
Elegí un museo: el Reina Sofía,
sin lugar a dudas. Elegí un cuadro: el Guernica de Picasso, ya que tuve la
suerte de poder visitar ese precioso lugar y perderme por los bosques del País
Vasco el pasado verano. Por último, me compinche con mis jefas y compañeras.
Durante dos semanas preguntamos a
los niños con los que trabajamos qué veían en el Guernica, y lo fuimos
apuntando. Tras días de conversaciones, risas y mucha paciencia nos reunimos
para ver el resultado. Sorprendentemente, la gran mayoría sólo se fijaba en la
mujer que tiene los brazos alzados en la esquina superior derecha del cuadro.
Para ellos era simplemente una mujer “haciendo tonterías”, “un rey con corona”
o “un preso entre rejas”. Algunos también se fijaban mucho en el toro que
aparece en la parte izquierda, aunque para la mayoría era “un monstruo con
cuernos tirando pedorretas”. No mencionaban nada sobre el contexto del cuadro,
sobre el clima de sufrimiento que se respira en él y en cada uno de los rostros
que Picasso dibujó.
¿Podría lograr que le Picasso
tomara vida y les hiciera comprender, sin palabras, cómo un sentimiento de
felicidad y tranquilidad puede quedar truncado por un inesperado bombardeo?,
¿serían capaces de ponerse en el lugar de esas personas?, ¿comprenderían cómo
se sienten?
Un reto difícil y al mismo tiempo
apasionante. El resultado lo tenéis a continuación:
Fue un éxito rotundo con los niños. Tras la impresión inicial por ver al cuadro tomar vida dejaron paso a las emociones, llegando a sentir pena por “el caballo que se asusta de los ruidos fuertes”
y comprendiendo a la madre que “sólo quería salvar a su bebé”.
Sin lugar a dudas la realidad aumentada es una herramienta muy útil para la educación, pero es al aplicarla con niños con TGD y TEA cuando nos permite dar un paso de gigante en la comprensión de escenas sociales sin necesidad de utilizar un lenguaje que, en ocasiones, es para ellos tan confuso y complicado como la vida en una gran ciudad.
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