Si algo nos ha enseñado Bansky es a no conformarnos, a desafiar lo que nos digan, a ver la realidad bocabajo y preguntarnos qué es cierto. La contrapublidad nos abre lo ojos, aunque muchas veces no los tenemos cerrados, sino tapados por las manos opacas de las marcas y el capitalismo.
Así fue cómo, hace ya dos meses, comencé a buscar compañas de contrapublidad que me inspiraran. Hoy las he rescatado pero por una razón algo distinta: tratar de comprender que todo es relativo, que la vida sigue, avanza y cambia día tras día, y que lo que hoy es blanco mañana puede ser negro, o no existir. Grandes marcas como Apple o Windows a mi abuelo le importaban un pimiento, hasta que le enseñé a usar mi viejo ordenador y escribió un libro. Y de aquí a 50 años, cuando yo esté llena de arrugas, mis nietos me hablarán de una nueva marca que me importará dos pimientos. Y tal vez me encanten, o tal vez no, y la vida seguirá.
Aquí os dejo una recopilación de los anuncios de contrapublicidad que más me gustaron (si pulsáis sobre ellas las veréis de mayor tamaño):
Todos ciertos, algunos graciosos y algunos que se te clavan como una espinita diciéndote que algo haces mal si decides confiar ciegamente en lo que te venden. Yo quise poner mi propio granito de arena, y me animé con una marca que conozco muy bien...
La UAM es una universidad sin alumnos motivados. El final del primer cuatrimestre se acerca y me quedo con la misma sensación de siempre: los alumnos de la UAM están muertos, sin ganas de hacer nada desde que se levantan hasta que se acuestan, todo les da pereza, todo les parece cuesta arriba, difícil, complicado e innecesario.
Con los años, la vida me ha ido enseñando a dar a las cosas su justo valor, y la Universidad, queridos compañeros, es algo con tanto valor cultural para mí que cuando os veo menospreciarla os lazaría mis bolis a la cabeza.
¿Cambiaremos alguna vez?








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