Pudding Monsters (2013) es un juego para teléfonos y
tablets, disponible en AppStore y Google Play. Adictivo desde un primer
momento, nos presenta la historia de unos pequeños trozos de pudding que temen
ser comidos por un humano hambriento que no deja de asaltar la nevera. La
estética de los escenarios y de los personajes está muy cuidada y nos recuerda
a la de otro juego de gran éxito creado por Zeptolab, Cut The Rope (2013).
Descubrí Pudding Monsters por casualidad, un peque
del centro en el que trabajo me pidió que le dejara mi tablet para enseñarme “los
monstruos de gelatina pegajosa”, y nos pasamos un buen rato jugando juntos. Cuando
llegué a casa no dudé ni un segundo en hacer esta reseña del juego e incluirla
en el blog.
La historia, como ya os he adelantado, es bastante
sencilla: unos trocitos de pudding de fresa son en realidad monstruos que no
quieren ser comidos y que, finalmente, comprenden que la unión hace la fuerza y
que para salir con vida de ese frigorífico tienen que transformarse juntos en
un monstruo de pudding mucho más grande. Toda la historia se narra mediante
dibujos y animaciones que no sólo son fáciles de comprender por los más
pequeños, sino que además mezclan el humor con la sensación de “vamos a vivir
una aventura”.
A lo largo de los distintos retos que forman el
primer nivel (“La fuga de la nevera”), ayudamos a los monstruos de pudding a hacerse
más grandes, moviéndolos por encima de la mesa de la cocina, intentando que no resbalen
y se caigan por los laterales, apoyándonos en tazas de café para lograr nuestro
objetivo: unir unos con otros. Al principio parece sencillo, pero a medida que
se va creciendo y avanzando en los niveles el escenario se hace más grande (de
la mesa de la cocina a la casa, al barrio, a la ciudad e incluso al cielo) y la
complejidad va en aumento: monstruos dormidos, otros pegajosos, botones que al
pulsarlos bajan un muro, túneles multiplicadores, monstruos morados que se
mueven de tres en tres… Toda una aventura tan adictiva como divertida.
Crítica personal al videojuego
Me descargo el juego, lo abro, y lo primero que me
sale en pantalla es un cofre lleno de monedas. Aun no sé para qué valen, pero
ya me dan una alegría. Es un buen comienzo. ¿O no? Más tarde descubrí que ese
bonito regalo te lo hacen cada día que decides jugar con los monstruos… ¡Es
fantástico!
Pudding Monsters es un juego “de los de darle al coco”.
Los primeros retos son sencillos, e incluso si te atascas en alguno te dan una
ayudita extra. A medida que vas avanzando y los monstruos se van haciendo más
grandes, los retos también crecen en dificultad pero, ¿queréis saber un
secreto? Lo mejor de este juego es que cada uno de los retos cuenta con cuatro
niveles: de cero estrellas a tres estrellas, y cada uno de ellos te da un
número de monedas que va de menos a más. De este modo, eres tú quien elige el
nivel de dificultad con el que supera cada reto y las monedas que necesita
ganar. ¿Hoy te no tienes ganas de pensar? Con unos cuantos intentos habrás
superado el reto y habrás ganado unas poquitas de monedas. ¿Hoy te apetece
esforzarte? Intenta superar el reto de todas las formas posibles: con cero,
una, dos o tres estrellas, entonces te darán una supercorona y muchas más
monedas. ¿Es genial o no? Pero cuidado, que no todo es tan fácil. Cuando
termines el primer nivel, necesitarás monedas para pasar al segundo. ¡A jugar!

Posibilidades educativas del videojuego
Tras una tarde intensa en compañía de los Pudding
Monsters, pensé que sería una buena idea ver cómo jugaban a él los más
pequeños, qué les parecía y cómo se enfrentaban a los distintos retos.
Lo primero que me llamó la atención es su entusiasmo
por jugar con monstruos. ¡Y además monstruos de pudding! Dar vida a algo que
habitualmente no la tiene es, sin duda, una de las mejores formas de llamar la
atención de los más pequeños.
Dentro del juego, la experiencia fue bastante buena. Los
más pequeños hacían muchos niveles por azar, sobre todo al principio, pero esta
dinámica comenzó a cambiar en el momento en que los niveles fueron más
complicados. Los más mayores veían cada reto como si fueran varios, ya que se
esforzaban por llegar a varias soluciones y conseguir todas las estrellas,
tres, dos, una o ninguna. De este modo, todos tenían una experiencia
satisfactoria en el juego, aunque perdía parte de la gracia si alguien ya había
superado ese reto. Tal vez añadir diferentes perfiles de jugador sería una
buena opción, ¿no creéis?
Por otro lado, esta experiencia con los peques me
llevó a pensar en el lado más educativo del juego. Logré identificar varios
aspectos clave que decidí utilizar sin demora:
- La unión hace la fuerza: sin duda es el lema de este juego. Un solo monstruito de gelatina no es nada, pero cuando empiezas a unir de diez en diez y son del tamaño de una casa todo cambia. Podríamos decir que es un juego sobre el trabajo en equipo, sobre el poder de realizar un esfuerzo común para obtener un beneficio también común. Sólo cuando están unidos ganan. Un buen punto de partida para trabajar un tema tan difícil en los más pequeños como lo es compartir, trabajar juntos y plantearse objetivos y deseos comunes.
- La nevera, la casa, el barrio, la ciudad y el cielo: el juego tiene cinco niveles, cada nivel es un espacio diferente, de más concreto a más amplio. No sólo sirve para trabajar la localización geográfica y los diferentes espacios que forman parte de nuestro día a día, también es una base de la que partir para trabajar vocabulario básico como objetos de la cocina y de la casa, o los distintos edificios que podemos encontrar dentro de un barrio. La elección de estos niveles es, por tanto, muy adecuada de cara al desarrollo de los más pequeños.
- Cada acto tiene su consecuencia, primero piensa y luego actúa: sin lugar a dudas este es un juego para pensar en el futuro, para adelantarse a lo que sucederá si muevo mi dedo en cualquier dirección. Este aspecto es muy importante de cara al desarrollo cognitivo de los más pequeños, ya que no sólo crece su capacidad de razonamiento sino que, además, este conocimiento se puede aplicar a muchos otros ámbitos de su vida, como el escolar (si estudias obtendrás un mejor resultado que si no lo haces) e incluso el familiar (si actúas mal, tendrás que atenerte a las consecuencias). Pese a todo, el juego logra presentar el fallo con un tono amable y algo cómico, gracias en gran medida al sonido y las caras del resto de monstruos, que parecen decirte “no pasa nada, sigue jugando” cuando lanzas a otro monstruo fuera del espacio. Del mismo modo, si te “atascas” en un reto te muestran en la esquina inferior un monstruo dándose cabezazos contra una pared y te ofrecen consultar una pista. Esta es sin duda una cara amable del juego que contribuye en gran medida a que los niños no se desesperen… y los mayores tampoco, claro. Pudding Monsters es un juego con el que disfrutar, no con el que sentirse mal, y eso es genial.
- Sigue las pistas: ante ti tienes muchísimas posibilidades, una gran variedad de movimientos y una gran variedad de finales para los monstruos de pudding. Sin embargo, a la hora de tomar la decisión sobre qué movimiento hacer debes tener en cuenta algunas de las pistas que te presenta el propio espacio en el que se están moviendo los monstruos. Por ejemplo, ¿te has fijado en esa taza de café situada en una esquina? Seguramente está ahí porque en algún momento, algún monstruo, tendrá que apoyarse en ella para lograr algo. Saber identificar las pistas que nos da el contexto influye en el desarrollo de la atención selectiva en los más pequeños, que tendrán que aprender a abrir su campo visual y a explorar las posibilidades que les ofrece el entorno antes de actuar sobre él.
- Un mismo problema, distintas soluciones: este juego te anima a experimentar, a preguntarte cómo puedes unir los monstruos de pudding de diferentes formas, obteniendo un resultado u otro. Pones en marcha todas tus neuronas buscando una solución diferente a la que habías encontrado en primer lugar, valoras la necesidad de seguir buscando, de intentar ir siempre a mejor, o de explorar las peores opciones para descubrir qué paso es el que falla en ellas. Todas las estrategias tienen además una recompensa: monedas. Explora el juego y explora tu cerebro, merece la pena.
- Ahorra monedas: para desbloquear los siguientes niveles necesitarás muchas monedas, ¿qué pasa si ya te las has gastado en pistas? La capacidad para demorar una recompensa es un aspecto del desarrollo de los más pequeños que, en muchas ocasiones, es descuidado por los padres, que siguen la política de “lo quieres, lo tienes”. Gracias a estos pequeños monstruos el niño se esfuerza por ahorrar monedas, no para gastárselas en pistas inmediatas, sino para desbloquear en un futuro los siguientes niveles. Todo un profesor de auto-regulación.
- Recompensas paralelas: a medida que te vas enfrentando a distintos retos, tu manejo del juego mejora, y también los retos paralelos a los que res capaz de enfrentarte. ¿A qué me refiero con “retos paralelos”? aquellos que suceden al margen del juego y sus niveles. En la pantalla de inicio se encuentran identificados con un trofeo, si accedes a esta sección encontrarás retos divertidos e interesantes que llevar a cabo mientras pasas por los distintos niveles. Desde crear un monstruo de 8 ojos con forma de hotdog, a mover los puddings morados 5 veces, pasando por conseguir 3 monstruos en un solo movimiento, crear un monstruo con forma de donut, crear 500 monstruos, o despertar a 150. Poco a poco los irás completando, y poco a poco irás recibiendo monedas y más monedas que son, en el fondo, una felicitación por tu destreza como jugador. Este sistema se puede implantar en las aulas de un modo similar al sistema de insignias que vimos en entradas anteriores: irás superando temas o ejercicios de clase (retos) que poco a poco te conducirán a ser un experto en la materia (logro, trofeo o insignia).
- Regula tu tiempo de juego: los retos son cortos, por lo que es sencillo proponer un control del juego “hoy hacemos cinco y mañana más”, por ejemplo. Padres y madres preocupados por la adicción de los juegos, aquí tenéis uno fácilmente controlable.
No puedo negarlo, Pudding Monsters me ha encantado en
todos los sentidos. Lo he utilizado como parte de mi ocio y también como parte
de mi trabajo, y ambos aspectos ha satisfecho todas mis expectativas. ¿Qué más
se le puede pedir? ¡Ya sé! Que los más pequeños puedan sacar a los monstruos de
la pantalla y traerlos al mundo real, ¿no os parecería genial? Bueno, pues los
chicos de Zeptolab han pensado en todo, y han incluido en su web unos descargables geniales para que pasemos
un buen rato trabajando nuestra motricidad fina y divirtiéndonos mientras
recortamos algunos monstruitos rojos. ¡Una gran idea! Y un gran plan para el
lunes.

Crítica personal a la experiencia del trabajo
Hacer una crítica sobre un juego es más difícil de lo
que yo pensaba. No os voy a engañar. En el momento en que te planteas hacerlo
bien todo se vuelve complicado y estresante, por ejemplo el empujar monstruos
contra tazas de café mientras intentas retener en tu cabeza algunas ideas y
pensamientos interesantes. Un reto divertido, pero un reto al fin y al cabo.
El trabajo no termina cuando cierras el juego. Para nada.
Sigues dándole vueltas a cómo aplicarlo, cómo mejorarlo, cómo sacar su máximo
partido. Y al final terminas comprendiendo que el juego no es sólo ocio, es
también una herramienta tremendamente útil, de las que puedes emplear en muchos
más ámbitos, con muchas más personas, para muchas más cosas de las que habrías
podido imaginar en un primer momento.
Me ha encantado la experiencia, pero tardaré en
repetirla. Sobre todo porque ahora no puedo evitar pensar en todo aquello que
me estoy perdiendo, y el mundo de los juegos es tan amplio que tendría que
dedicarme exclusivamente a ello para poder hacer una crítica de calidad, para
poder comparar la oferta y adaptarla a mi demanda como profesional de la
educación. Desde aquí un aplauso a todos los que día tras día se dedican a
ello. Bravo.
1 comentario:
Así que solo había que picarte... Mola !!!
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